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Kilimanjaro por Marangu en el 1999 de diciembre      In English

Ver una mapa dela regionKibo y Mawenzi.jpg (117907 bytes)Marangu dirigen summary.jpg (180404 bytes)This 50 minutes documentary gives viewers a chance to experience the rigors of trekking on Kilimanjaro, as part of a money raising mission for sick and underpriviliged kids

Habiendo perdido mi oportunidad cuando vivía en Zambia en 1980, en Noviembre decidí que debía escalar el Kilimanjaro antes del fin del milenio. Así que a fines de Noviembre viajé a Moshi, Tanzania, para intentar el escalamiento. Comenzé el escalamiento y resultó que Zara Tours había formado un equipo internacional,  que se componía de tres españoles: Rafa y Jesús, de Malaga, y Jose, de Leon; Rachel de EE.UU. y Poul de Holanda. A causa del color de nuestro mantel adoptamos el nombre de "Green Team". En algún lugar de la ruta se unió a nosotros otro cliente de Zara Tours, "Running Rob" del Reino Unido.

team.jpg verde (188857 bytes)El impatiens Kilimanjaro.jpg (30810 bytes)el kniphofia thomsonii.jpg (75035 bytes)el impatiens pseudoviola.jpg (25127 bytes)waterfall.jpg (124140 bytes)

Escalar el Kilimanjaro es como "una caminata en el parque", más aún durante los primeros días, cuando estás pasando a través de una de las más espectaculares vegetaciones de montaña que jamás había visto. El punto de partida de la ruta de Marangu es la Puerta Marangu, que se encuentra a 1970 m de altitud. Comenzamos nuestra caminata en medio de las nubes, después de todo seguía siendo la época de las "Lluvias Cortas". Caminando a través del bosque tropical en medio de las nubes, es fácil imaginar que estás representando un episodio de "Escaladores en las Nieblas". De todas maneras las nubes nos protegían del calor del fuerte sol tropical, y la temperatura no era muy alta mientras caminábamos. Fuimos afortunados de que no cayera mucha lluvia mientras ibamos escalando, así que muy luego todos estuvimos de acuerdo en que éste era el momento perfecto para la ascensión. Después de alcanzar el lugar para el almuerzo, con sus asientos y mesas de madera, continuamos a lo largo del sendero paralelo al bosque, para disfrutar aún más del paisaje. Muchas especies de plantas solo se pueden encontrar en el Kilimanjaro, como es el caso de la hermosa flor roja llamada "Impatiens Kilimajari".

El almuerzo a Mandara.jpg (200990 bytes)Los trepadores en el mist.jpg (61385 bytes)Después de aproximadamente tres horas de caminata llegamos a la cabaña Mandara, a 2.700 m de altitud. Con excepción de "José el Aguila" quién necesitó sólo alrededor de una hora y media, el iba tan rápido que nunca siguió las instrucciones diciéndonos que íbamos lento "Pole Pole". La cabaña queda en el borde del bosque tropical. Sobre la cabaña Mandara la vegetación cambia a terreno baldío y brezal. En la tarde caminamos al cráter Maundi, una hermosa excursión de 15 minutos desde el refugio. Fue el comienzo de lo que eventualmente se convirtió en una tradición del equipo verde: Caminar hacia lo Alto - Dormir en lo Bajo. Las cabañas eran bastantes lujosas y estaban bien equipadas con colchones e incluso paneles solares. Desafortunadamente debido a las nubes los paneles solares no producían suficiente energía para iluminar las cabañas. Y por supuesto, pudimos conseguir coca cola y cerveza, que demostró ser el caso en todas las cabañas. Después de todo el sobrenombre de la ruta Marangu es la Ruta Coca Cola.

Nuestro siguiente objetivo fue la cabaña Horombo (3.720 m de altitud), a cinco horas caminando a través de terreno baldío y brezal. De nuevo la vegetación fue sorprendente, con hermosas flores, lobelias gigantes y senecios. Especialmente los senecios son muy impresionantes. No hay que aproximarse a ellos, generalmente están en lugares pantanosos con céspedes de hierbas y montones de pasto con fosos de arcilla bastante profunda entre medio. Los alteraciones harán que uno se caiga entre medio de los fosos y se moje con el barro, según averigué. Nuestra diaria excursión de la tarde nos llevó a la roca Cebra (4.000 m aproximadamente), aún cuando no pudimos ver mucho en medio de las nubes y la lluvia.
Nuestro día siguiente fue de aclimatación. Debimos estar en la cabaña de Horombo y caminar hasta la cabaña Mawenzi. Las águilas españolas eran tan rápidas sobre sus pies que, en medio de las nubes, ellos perdieron contacto con el guia y solo continuaron en la dirección de la cabaña Mawenzi por sí mismos en vez de ir en la dirección planeada. Sin embargo, en un típico caso de terminar en el lugar correcto aún cuando no se sabe que se va para allá, todos se reunieron cerca del campamento Mawenzi (4.600 m de altitud). Puesto que ello era más alto que el destino original, todos estábamos suficientemente contentos. Después de todo se suponía que debíamos aclimatarnos y qué mejor forma que escalar suficientemente alto.

Desde Horombo nos dirigimos a las cabañas de Kibo. Perdimos el rastro del número de veces que pasamos "Ultima Agua". Aparentemente en la estación lluviosa la última agua parece ser difícil de definir. Subiendo, el terreno baldío y el brezal dan lugar al seco desierto alpino, donde solo sobreviven las plantas más fuertes. Después de alrededor de cinco horas arribamos a las cabañas de Kibo (4.703 m de altitud). Recostados, descansando un poco, recibimos amplias advertencias de la dificultad que debíamos esperar a través de mensajes de graffitis escritos en la paredes de la cabaña. Tal como éste: "Hoy fue fácil. Sufre mañana, tú bastardo!"

De acuerdo a la tradición, por la tarde nosotros tuvimos nuestra caminata de aclimatación hasta aproximadamente 5.000 m de altitud. Después de eso tratamos de descansar lo más que pudimos. Nuestra siesta fue interrumpida demasiado rápido por la cena, si se puede llamar así. Fue la primera (y última) comida que no nos reunió con el entusiasmo habitual. Obviamente a una altitud de 4.700 metros nuestros apetitos eran menores que lo normal, pero también la combinación servida no fue muy apetitosa. Después de la comida tratamos de dormir, algunos incluso se las arreglaron para tener un poco de sueño inquieto. De todas formas nos despertamos bastante pronto, recibimos nuestro té en la cama a las 23:00. Así a diez minutos después de medianoche dejamos el lugar hacia la contienda larga y golpeadora hacia Gilmans Point.

sunrise.jpg (41262 bytes)Vea de Gilmans hacia Uhuru Peak.jpg (169588 bytes)Summit.jpg (175217 bytes)Usando mi altímetro yo cronometré nuestro ascenso. Benjamín, nuestro guía comenzó realmente lento a 170 m por hora y aumentando lentamente la marcha. Después de tres horas estábamos a 5.300 m de altitud. Desde allí la marcha se retardó un poco y el equipo verde iba un poco dividido, en tres grupos separados. Esto no fue un problema ya que Benjamín había traído dos guías asistentes (Omari e Imani) para el día de la cumbre. Así cada grupo tenía su propio guía. El primer grupo arribó a Gilmans Point alrededor de las cinco y media, a tiempo para disfrutar la puesta de sol sobre Mawenzi. La vista era espectacular, una gruesa capa de de nubes hasta cerca de los 4.000 m se extendía sobre todo el horizonte, con el Mawenzi sobresaliendo. Nuestro día de cumbre demostró estar bendecido con un clima excelente. Después de pocos minutos de descanso continuamos hacia la cumbre del Uhuru. Aún cuando esta extensión se supone que es más fácil, muchos de nosotros encontramos que era tan difícil como la contienda hasta Gilmans. Justo antes, los primeros siete miembros del equipo Verde alcanzaron la cresta del Uhuru. Dentro de veinte minutos todos los otros miembros hicieron la cumbre del Uhuru. Las vistas desde la cumbre del Uhuru eran espectaculares. Mirando a los glaciares no pude evitar preguntarme cómo serían en un par de cientos de años. Los glaciares en los trópicos están todos retirándose rápidamente, incluidos los glaciares del Kilimanjaro.

Siguiendo el margen del cráter atrás a Gilmans point.jpg (131186 bytes)El glaciar de Furtwangler de summit.jpg (203018 bytes)El Glaciar de Kersten de summit.jpg (124473 bytes)El margen del cráter de summit.jpg (135374 bytes)

Disfrutamos algún tiempo haciendo nuestras obligadas fotos de la cumbre y entonces nos devolvimos a Gilmans. Rafa y Jesus fueron un poco lentos para seguirnos, ellos parecían más afectados por la fatiga y la altitud. En el descenso de Gilmans a Kibo, Jesus necesitó alguna ayuda pero logró descender a salvo. En contraste, los dos miembros del equipo que habían estado usando Diamox no sufrieron efectos de la altitud, así que Diamox parece funcionar suficientemente bien. De todos modos, todos nos beneficiamos del aumento de suministro de oxígeno cerca de la cabaña de Kibo, ¡qué diferencia pueden hacer unos cientos de metros!. Descansamos un poco, ya que efectivamente había sido un duro escalamiento. Después de un corto descanso empaquetamos nuestros sacos y fuimos hacia la cabaña de Horombo. Allí disfrutamos de un bien merecido descanso. Durante la noche algún gracioso nos cerró la puerta por el exterior mientras estábamos durmiendo, pero junto con el té de la cama estábamos liberados de nuestra prisión temporal.

Nuestro último día en la montaña fue una deliciosa caminata de vuelta a través del brezal y luego el bosque tropical hasta la puerta Marangu. Ocurrió que el sol estaba brillando luminosamente, así yo obtuve la demostración final para la casa de unas magníficas vacaciones, la quemadura del sol. El guía, los guías ayudantes y cargadores estaban probablemente bien pagados con US $ 75, 50, y 25 respectivamente, pero todos nosotros estábamos contentos con su trabajo, parecía normal.

De vuelta en el hotel Springlands disfrutamos de una comida al aire libre antes de dispersarnos al día siguiente en nuestras respectivas direcciones. Mi viaje de vuelta a Holanda fue un poco divertido. Escalar el Kilimanjaro te hace perder toda idea del tiempo, así que yo no tenía idea de que tenía un día menos, comparado con el programa original. Y ya que ni el guía ni el agente de viajes parecían concientes de eso, yo tomé el autobús al aeropuerto a día siguiente. Cuando me registré en el contador de KLM me dijeron que yo estaba un día adelantado, pero ellos fueron tan amables de colocarme en la lista de espera. Como tuve suerte, había suficiente espacio en el vuelo y, yo llegué a casa un día antes, permitiéndome un día completo de descanso antes de volver a la rutina habitual.

12 december 1999

Poul Grashoff